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Borges y el rock

María Kodama, en una entrevista que le hizo Nacho Girón para el suplemento Sí del diario Clarín, contó que a Jorge Luis Borges "le gustaban mucho los Beatles y los Rolling Stones. Y era especialmente fanático de Pink Floyd. Lo que más le gustaba era The Wall; como odiaba el feliz cumpleaños, ¡en sus aniversarios lo poníamos de fondo! Decía que cuando escuchaba cosas así sentía como que se cargaba de fuerzas".

Por otra parte, también contó la siguiente anécdota: "En el restaurant de un hotel de Madrid, un flaco alto se arrodilló a su lado. ¡Maestro, yo lo admiro! ¡Leí toda su obra!, le dijo. ¿Quién es usted?, respondió Borges. Me llamo Mick Jagger. ¡Ah! ¡Uno de los Rolling Stones!, le contestó. Fue muy divertido: Jagger casi se desmaya cuando lo reconoció. Esa anécdota no me la olvido más".

Ahora va a resultar...

Roberto Arlt tuvo una infancia muy dura puesto que su padre lo castigaba y humillaba mucho.

En una conversación sobre este tema, un amigo le habló a Arlt de las duras infancias de Stendhal y Giacomo Leopardi, que también fueron maltratados de niños, y al respecto Arlt le contestó: "Ahora va a resultar que tendré que darle las gracias a mi viejo. Si esos fenómenos resultaron grandes porque el padre los cascaba y los humillaba, a lo mejor termino escribiendo un Rojo y negro yo también".


Extraído de Roberto Arlt, su vida y su obra, escrito por Omar Borré.


Aportó: Flaco.

Cosas de Borges

Durante el velorio de la mamá de Jorge Luis Borges, fallecida a los noventa y nueve años, una mujer se acercó al escritor para darle el pésame.

--Pobre Leonorcita, morirse tan poquito antes de cumplir los cien años--dijo.
--Veo, señora, que usted es devota del sistema decimal--contestó Borges.



Fuente: Hugo Perini, arte y política (http://hperini.blogspot.com/)

Hay gatos




A mí un gato me trajo la solución para Triste, solitario y final. Un negro de mirada contundente, muy parecido a Taki, la gata de Chandler. Otro, el Negro Vení, me acompañó en el exilio y murió en Buenos Aires. Hubo uno llamado Peteco que me sacó de muchos apuros en los días en que escribía A sus plantas rendido un león. Viví con una chica alérgica a los gatos y al poco tiempo nos separamos. En París, mientras trabajaba en El ojo de la patria, en un quinto piso inaccesible, se me apareció un gato equilibrista caminando por la canaleta del desagüe. Para sentirme más seguro de mí mismo puse un gato negro al comienzo y uno colorado al final de Una sombra ya pronto serás. Para decirlo mal y pronto: hay gatos en todas mis novelas. Soy uno de ellos, perezoso y distante. Aunque nunca aprendí la sutileza de la especie.


Extraído de Educación sentimental, artículo de Osvaldo Soriano publicado en el diario Página 12.

Ausente con aviso

El lunes 3 de septiembre del corriente, se presentó Un ejemplar de frontera, el primer libro de la periodista Ana Da Costa, resultado de las charlas que su autora mantuvo con el escritor argentino Héctor Tizón, durante diez días en el 2003, en la casa que éste tiene en Yala, en la provincia de Jujuy.

A la presentación, realizada en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, faltó el mismo Tizón. El editor de la editorial De la Flor, responsable de Un ejemplar de frontera, Daniel Divinsky, contó que cuando invitó a Tizón al evento, éste se rehusó a ir: "Sería como asistir a mi propio funeral", le dijo.




A fondo

En el ciclo A fondo, del canal Encuentro, se muestran una serie de entrevistas que condujo el periodista Joaquín Soler Serrano, en la entonces Radio y Televisión Española, entre los años 1976 y 1981.

Por A fondo pasaron más de doscientas cincuenta personalidades, la mayoría escritores, aunque también hubo científicos y artistas. Allí, entre otros, estuvieron Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Juan Rulfo, Jean Paul Sartre, Atahualpa Yupanqui, Julio Cortázar, Manuel Mugica Lainez, Salvador Dalí y Juan Carlos Onetti.

A continuación, compartimos dos momentos pequeños con dos de esos grandes, cuando pasaron por el programa.



Foto: Atahualpa Yupanqui.


--¿Y no extraña su tierra viviendo en Francia?--le preguntó Serrano a Atahualpa Yupanqui.
--No, extrañan los empresarios, las estrellas, los comerciantes. Yo no extraño. Agarro mi guitarra y canto y ya estoy ahí, en mi suelo--le contestó.



Foto: Jorge Luis Borges.


-- ...Una obra típicamente de Borges--comentó Serrano a Jorge Luis Borges.
-- Y sí, no va a ser típicamente de otro. Qué le vamos a hacer--le respondió.

En todo vamos la preferencia al extranjero

Foto: José Francisco de San Martín,
libertador de Argentina, Chile y Perú.


Durante su permanencia en Mendoza, llegó allí de Chile, y de tránsito para Buenos Aires, un señor Mosquera, colombiano, y D. Antonio Marcos, antiguo jefe de ingenieros en el ejército de los Andes.
Uno de los muchos días que comía con el general San Martín, lo hallé en su dormitorio con una pequeña imprenta sobre la mesa y cuatro botellas de vino, timbrando unos papelitos como los que traen los licores.
En el momento que entré, me preguntó:
--¿A que no adivina usted lo que estoy haciendo?.
--No, señor--le respondí.
--Pues vea usted: cuando invadimos Chile en 1817, dejé en mi chacra unas cincuenta botellas de vino moscatel, de uno riquísimo que me había regalado D. José Godoy. Por supuesto que lo que menos recordaba era esto, pero ahora ha días, D. Pedro Alvíncula Moyano, que, como usted sabe, corre con la chacra, me trajo una docena de estas botellas, refiriéndose al depósito que su honradez le había conservado. Hoy tendré a la mesa a Mosquera, Arcos y a usted, y a los postres pediré estas botellas y usted verá lo que somos los americanos, que en todo vamos la preferencia al extranjero. A estas botellas de vino de Málaga, les he puesto “de Mendoza” y a las de aquí, “de Málaga”.
Efectivamente, después de la comida, San Martín pidió los vinos diciendo:
--Vamos a ver si están ustedes conformes conmigo sobre la supremacía de mi Mendocino.
Se sirvió primero el de Málaga con el rótulo Mendoza. Los convidados, dijeron a lo más, que era un rico vino pero que le faltaba fragancia.
Enseguida se llenaron nuevas copas con el del letrero “Málaga”, pero que era de Mendoza. Al momento prorrumpieron los dos diciendo:
--¡Oh! Hay una inmensa diferencia, esto es exquisito, no hay punto de comparación.
El general soltó la risa y les lanzó:
--Ustedes son unos pillos que se alucinan con el timbre--y enseguida les contó la trampa que había hecho.
Todo el que hubiera visto al general sin conocer su epopeya, imposible que creyera que aquel hombre era el que simbolizaba las más grandes glorias de las repúblicas Argentina, Chile y Perú.

Por Manuel de Olazábal, jefe de escolta de San Martín en el ejército de los Andes durante la campaña de Chile.

Extraído de San Martín visto por sus contemporáneos, de José Luis Busaniche.

Fuego brillante

El epílogo de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, titulado Fuego brillante y escrito en 1993, entre otras cosas, cuenta las problemáticas que atravesó el libro para salir a la luz. Las principales trabas para que Bradbury consiguiera publicarlo eran dos: la primera, que él no era conocido; la segunda, la temática del libro, que aborda la quema de libros, la censura, la estupidización del pueblo, los crímenes del progreso. Así las cosas, en ese entonces era prácticamente imposible que alguien editara la obra. Sin embargo...

A continuación, el resto de la anécdota, contada por Ray Bradbury en Fuego brillante:

Mientras tanto, nuestra búsqueda de una revista que publicara partes de Fahrenheit 451 llegó a un punto muerto. Nadie quería arriesgarse con una novela que tratara de la censura, futura, presente o pasada. Fue entonces cuando ocurrió: un joven editor de Chicago, escaso de dinero pero visionario, vio mi manuscrito y lo compró por U$S 450, que era todo lo que tenía. Lo publicaría en los números dos, tres y cuatro de la revista que estaba a punto de lanzar. El joven era Hugh Hefner. La revista era Playboy, que llegó durante el invierno de 1953 para escandalizar y mejorar el mundo. El resto es historia. A partir de ese modesto principio, un valiente editor en una nación atemorizada sobrevivió y prosperó. Cuando hace unos meses vi a Hefner en la inauguración de sus nuevas oficinas en California, me estrechó la mano y me dijo: “Gracias por estar allí”. Y sólo yo supe a qué se refería.

Foto: Hugh Hefner, leyendo su creación.

Autodidacta

José Saramago: Yo no escribí una tragedia en cinco actos a los nueve años. Fui un niño normal, nací en una familia de analfabetos, en casa no tenían libros. Los libros comprados por mí (con dinero prestado) los tuve a los 19 años. Mi aprendizaje como lector lo hice en bibliotecas públicas. En ese sentido, soy un autodidacta. No tuve estudios universitarios. Ahora tengo casi cuarenta honoris causa y nunca entré en una universidad. Así es la vida.




Foto: José Saramago.


Fuente: La Nación (http://www.lanacion.com.ar/)
Gracias, P, por tu colaboración.

El sur

En el ciclo La palabra, del canal de televisión Encuentro, se dedicó una emisión al escritor argentino Héctor Tizón.



Foto: Héctor Tizón.



Éste contó que en uno de sus encuentros con Jorge Luis Borges, hablando de cuentos, Borges le dijo que para él El sur es el mejor que escribió.
Tizón le contestó que estaba de acuerdo, aunque él le hubiese dado otro final.
Borges pensó y luego le dijo: "Tiene razón, pero escríbalo usted".

Sin luz

El escéptico digital: ¿Continúa sin ordenador?

Ray Bradbury: No lo necesito, ni yo ni mucha gente. Depende, claro, de lo que uno haga. Hace sesenta años que uso la máquina de escribir. Tengo tanto entrenamiento que puedo escribir sin errores, incluso puedo hacerlo en la oscuridad. Escribí una novela en la oscuridad una noche en París, mientras mi esposa Maggi dormía. Trabajé sin encender la luz. Cuando amaneció, había terminado la novela.



Fuente: El escéptico digital (http://digital.el-esceptico.org)