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La chispa

Siempre me agraviaron todos los años, las horas,
los minutos que les di como un esclavo del trabajo,
realmente herí­an mi cabeza, mi interior, eso me poní­a
enfermo y un poco loco -yo no podí­a entender el
asesinato de mis años.
Sin embargo, mis compañeros de trabajo no mostraban
signos de agoní­a,
muchos de ellos incluso parecí­an satisfechos, y
verlos así­ me volví­a casi tan loco como
el estúpido trabajo sin sentido.

Los obreros se sometí­an,
el trabajo los masacraba hasta la nulidad,
los vaciaba y los tiraba después.

Me agravió cada minuto, cada minuto era mutilado
y nada me liberaba de la monotoní­a.

Consideré el suicidio.
Me emborraché en mis pocas horas de descanso.

Yo trabajé durante décadas.

Viví­ con mujeres de la peor clase, aquello que el trabajo
fracasaba en liquidar, lo liquidaban ellas.

Sabí­a que me estaba durmiendo
algo en mí­ decí­a, adelante, morite, dormí­, convertite en
uno de ellos, aceptalo.

Entonces otra cosa en mí­ me decí­a, no, salvá aunque sea el
pedacito más pequeño, no necesita ser mucho,
sólo una chispa puede incendiar
un bosque entero,
sólo una chispa,
salvala.

Creo que lo hice,
estoy feliz de haberlo hecho,
que cosa tan bella, afortunada
y puta.

Charles Bukowski


Carlitos dandole chispa a un cigarrito

Alma ausente

No te conoce el toro ni la higuera
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre

No te conoce el lomo de la piedra
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre

El otoño vendrá con caracolas
uva de niebla y montes agrupados
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre

Porque te has muerto para siempre
como todos los muertos de la Tierra
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia
la madurez insigne de tu conocimiento
tu apetencia de muerte y el gusto de su boca
la tristeza que tuvo tu valiente alegría

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

Federico García Lorca.

Soy yo

Pocos conocen
que precisamente soy yo
la palabra
la que une los perfiles
los presentimientos
y conduce al centro
de lo impronunciable
de lo fijo en el cúmulo
que llevará hacia la red única.

Mi aroma de lumbre, Elizabeth Schön.

Aportó: Mariela.

Nada

En el mar de la esperanza
boga el hombre de continuo,
ora errante, ora en bonanza,
ora en oculto camino:
en la frente, desconfianza
de su incógnito destino;
en el pecho, vanagloria;
en el recuerdo, una historia.

Sigue así de cada luna
mirando la faz serena,
como la humilde laguna
siempre besando la arena,
sin recompensa ninguna
a su ignorada faena:
porque es su afán vanagloria
y siempre igual es su historia.

Pasan años siempre ciego,
llega al fin de su calvario,
y afán y gloria van luego
al fondo vil de un osario.
¡Tanto valor, tanto fuego
extingue un leve sudario!
¡En la vida, camarada,
llama, estopa, viento... y nada!


Poesías completas, Almafuerte.

No sé me importa un pito

No sé me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! --y en esto soy irreductible-- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue --y no otra-- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo



Aportó: Pau.

Desayuno

Echó café
en la taza
echó leche
en la taza de café
echó azúcar
en el café con leche
con la cucharilla
lo revolvió
bebió el café con leche
dejó la taza
sin hablarme
encendió un cigarrillo
hizo anillos
de humo
volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme
sin mirarme
se puso de pie
se puso el sombrero
se puso
el impermeable
porque llovía
y se marchó
bajo la lluvia
sin decir palabra
sin mirarme
y me cubrí
la cara con las manos
y lloré.


Jacques Prevert.

La hermosa estación

En ayunas perdida helada
Completamente sola sin un centavo
Una muchacha de dieciséis años
Inmóvil de pie
Plaza de la Concordia
A mediodía el 15 de agosto.


Jacques Prevert.




Foto: Jacques Prevert, una copa y un perro.

Muchas gracias, Jipi, por tu colaboración.

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Viceversa, Mario Benedetti.





Foto: Mario Benedetti, con su puño sobre su cara.

Espantapájaros


Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

Poema 12, Oliverio Girondo

A una razón

Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos y de comienzo a la nueva armonía.
Un paso tuyo es el alzamiento de los nuevos hombres y su puesta en marcha.
¡Tu cabeza se aparta: el nuevo amor! ¡Tu cabeza se vuelve: el nuevo amor!
"Cambia nuestras suertes, acribilla las plagas, comenzando por el tiempo", te cantan esos niños. "Eleva hasta donde sea sustancia de nuestras fortunas y de nuestros deseos", te ruegan. Llegada desde siempre, te irás por todas partes.


Arthur Rimbaud.


Foto: Leonardo Di Caprio en Eclipse de una pasión,
la película inspirada en la vida de Arthur Rimbaud.

Muchas gracias, Mariela, por tu colaboración.



Cuando oí al docto astrónomo

Cuando oí al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas las pruebas, guarismos,
cuando me enseñaron los mapas y los diagramas,
para medir, para dividir y sumar,
cuando desde mi asiento oí al docto astrónomo
que disertaba con mucho aplauso en la cátedra,
qué pronto me sentí inexplicablemente aturdido y hastiado,
hasta que escurriéndome afuera me alejé solo
en el húmedo místico aire de la noche,
y de tiempo en tiempo,
miré en silencio perfecto las estrellas.


Walt Whitman



Foto: Walt Whitman.